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lunes, marzo 16, 2026

CRISIS ENERGÉTICA EN CUBA: COLAPSÓ EL SISTEMA ELÉCTRICO Y TODA LA ISLA ESTÁ SIN LUZ

Colapsó el sistema eléctrico en Cuba y dejó a toda la isla sin luz por sexta vez en año y medio  
(AP Foto/Ramón Espinosa)

La estatal Unión Eléctrica informó sobre la activación de protocolos de emergencia para intentar restablecer el servicio

Cuba experimentó este lunes un nuevo apagón generalizado, el sexto en los últimos dieciocho meses, tras una desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional.

El corte de energía dejó sin servicio a la totalidad del país, según confirmó la estatal Unión Eléctrica (UNE), que informó sobre la activación de protocolos de emergencia para intentar restablecer el servicio.

“Ocurrió una desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional. Comienzan a implementarse los protocolos de restablecimiento”, comunicó la UNE en su cuenta oficial en X.

El organismo estatal advirtió que la normalización del suministro podría demorar varias horas debido al estado de la infraestructura y la magnitud de las averías.

La interrupción del servicio eléctrico afecta a la isla en un contexto de agravada crisis energética, que se arrastra desde mediados de 2024.

La Unión Eléctrica de Cuba (UNE) informa sobre una desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional (Unión Eléctrica de Cuba)

Más temprano, la UNE estimó que el 62 % del país permanecería sin electricidad en el horario de mayor demanda, cuando la brecha entre generación y consumo alcanzaría un déficit de 1.930 megavatios.

Las previsiones indicaron que, de una demanda máxima esperada de 3.150 MW, solo estarían disponibles 1.220 MW.

Gran parte de la infraestructura energética de la isla presenta un alto nivel de deterioro y opera con frecuentes interrupciones debido a averías o mantenimiento prolongado.

Actualmente, nueve de las dieciséis unidades termoeléctricas que integran el sistema nacional se encuentran fuera de servicio. Estas plantas representan alrededor del 40 % de la generación eléctrica del país, por lo que su paralización reduce la capacidad del sistema para cubrir la demanda interna.

Desde 2022, los cortes de electricidad han ido en aumento y se han convertido en uno de los principales factores de presión sobre la vida cotidiana y la actividad económica.

El pasado 7 de marzo, el déficit energético provocó que cerca del 68 % del país quedara sin electricidad al mismo tiempo, una de las mayores afectaciones registradas en los últimos años.

El sistema eléctrico cubano depende en gran medida de plantas termoeléctricas antiguas y de combustibles importados para mantener la generación. La combinación de infraestructura envejecida, escasez de recursos para mantenimiento y limitaciones en el suministro de combustibles ha reducido progresivamente la capacidad operativa del sector.

La frecuencia e intensidad de los apagones ha crecido en los últimos meses, generando dificultades para el funcionamiento de hospitales, escuelas, industrias y servicios básicos.

Diversos analistas coinciden en que la crisis energética cubana es resultado de problemas estructurales, como la corrupción, la falta de inversiones en el sector y la obsolescencia de la infraestructura. A esto se suma, según la dictadura cubana, las sanciones impuestas por Estados Unidos desde enero, que han limitado la importación de combustibles y repuestos.

Las restricciones han provocado una reducción en la llegada de petróleo desde Venezuela, agravando la escasez y dificultando aún más la estabilidad del sistema eléctrico.

La situación ha repercutido en la economía y en el clima social. Sectores productivos clave han tenido que reducir o suspender actividades, mientras la población enfrenta prolongados periodos sin electricidad. El malestar social ha ido en aumento, con protestas esporádicas y reclamos en redes sociales.

“Llevamos días sin corriente, no podemos trabajar ni conservar los alimentos”, expresó una residente de La Habana.

En paralelo, los precios internacionales del petróleo continúan al alza, impulsados por la inestabilidad en Medio Oriente, lo que añade presión sobre la capacidad de Cuba para acceder a fuentes de energía en el mercado global.


FUENTEMaEl. 16;Marzo-2026 Infobae - Youtube/Negocios TV

sábado, marzo 14, 2026

LA GUERRA INVISIBLE: CÓMO UN CIBERATAQUE PODRÍA SUMIR A TU CIUDAD EN LA OSCURIDAD

Los ciberataques representan una amenaza real e inmediata para la red eléctrica. Incidentes como el ataque informático a la red de Ucrania demuestran que los ataques digitales provocan apagones graves y tangibles, con el potencial de colapsar sistemas vitales en cuestión de segundos.

Un fallo en la red desencadenaría una serie de problemas sociales. La pérdida de energía paralizaría rápidamente los semáforos, las redes celulares, los cajeros automáticos, las gasolineras y las cadenas de suministro, creando una crisis a gran escala.

Es fundamental prepararse ahora, antes de que se produzca una crisis. Dado que los ciberataques son sigilosos y no dan aviso previo, desarrollar resiliencia en tiempos de paz es crucial.

Entre las medidas clave de preparación se incluyen asegurar las comunicaciones, el efectivo y los suministros básicos. Contar con iluminación de respaldo, un teléfono satelital, dinero en efectivo y provisiones para al menos dos semanas de agua, alimentos y medicamentos para poder operar de forma independiente.

La preparación individual es la última línea de defensa. Mientras las instituciones trabajan para asegurar la red, cada hogar necesita un plan que contemple la posibilidad de fallos en los sistemas digitales, garantizando así su capacidad para afrontar el caos.

Quienes se preparan para emergencias saben que las guerras modernas ya no se libran solo con soldados, misiles y tanques. Cada vez más, se libran con teclados. Este cambio ha creado una nueva e inquietante vulnerabilidad para los ciudadanos: la posibilidad de que un ciberataque provoque apagones generalizados y devastadores.

Si bien la amenaza puede parecer abstracta, los expertos en seguridad advierten que los sistemas digitales que controlan nuestra red eléctrica son un objetivo legítimo y atractivo en una era de tensión geopolítica. Para quienes no estén preparados, las consecuencias podrían ir mucho más allá de un simple corte de luz.

Los ciberataques son ahora una peligrosa realidad.

La ciberguerra ha pasado de la teoría a la práctica. Incidentes como los ataques a la red eléctrica de Ucrania, que dejaron a cientos de miles de personas sin electricidad, y el ataque de ransomware Colonial Pipeline, que provocó escasez de combustible, demuestran que los ataques digitales pueden tener efectos inmediatos y tangibles. Estos sucesos sirven como claras advertencias.

La red eléctrica estadounidense, una vasta y compleja red, está bajo el constante escrutinio de sofisticados hackers respaldados por estados. Si bien existen defensas robustas, ningún sistema conectado es completamente inmune.

Un ataque coordinado y exitoso contra el software de gestión de la red eléctrica podría provocar apagones regionales, paralizando el sistema nervioso digital de la vida moderna en cuestión de segundos.

Las consecuencias de un ataque de este tipo serían una cascada de fallos. Los semáforos dejarían de funcionar, paralizando el transporte urbano. Los cajeros automáticos y los procesadores de pagos digitales fallarían, inutilizando las tarjetas de crédito e interrumpiendo el acceso al efectivo.

Las redes celulares y la conectividad a internet podrían fallar al agotarse los generadores de respaldo en las torres.

Las gasolineras no podrían abastecerse de combustible. La interrupción de las cadenas de suministro podría provocar rápidamente estantes vacíos. Lo que comienza como un apagón se convierte rápidamente en una crisis generalizada, poniendo a prueba la resiliencia de cada hogar.

El motor de IA Enoch de BrightU.AI explica que esta amenaza a menudo se pasa por alto precisamente porque es invisible. A diferencia de una tormenta o un ataque físico, una incursión cibernética se produce en la sombra, con atacantes que pueden permanecer ocultos en los sistemas durante meses antes de atacar. Este sigilo convierte la complacencia pública en un riesgo peligroso.

El momento de prepararse no es cuando las pantallas se apagan, sino ahora, mientras la red eléctrica sigue funcionando.

Preparación y resiliencia pragmática

La preparación no se trata de pánico, sino de resiliencia pragmática. Las medidas para prepararse ante un apagón cibernético son las mismas que para cualquier desastre importante, pero con especial énfasis en la fragilidad digital y financiera.

Los expertos en preparación para emergencias destacan varias medidas clave:

Primero, asegurar la comunicación y la iluminación alternativas. Cuando fallan las antenas de telefonía móvil, los teléfonos tradicionales se vuelven inservibles. Invertir en un teléfono satelital u otro dispositivo de comunicación no terrestre proporciona una línea de comunicación vital.

Contar con iluminación de respaldo confiable, como linternas, velas y faroles, es esencial para la seguridad y el bienestar durante la oscuridad prolongada.

Segundo, reducir la dependencia del dinero digital. Un ciberataque que colapse la red eléctrica probablemente también afectaría las redes bancarias y de procesamiento de pagos. Mantener una reserva de efectivo en billetes pequeños es crucial para adquirir bienes esenciales cuando fallan los sistemas electrónicos.

Además, poseer activos tangibles como oro y plata puede proporcionar una reserva de valor estable si los sistemas financieros se ven comprometidos o se reinician.

En tercer lugar, es fundamental desarrollar una autosuficiencia básica. Esto incluye mantener un suministro de agua, alimentos no perecederos y medicamentos necesarios para al menos dos semanas. Baterías portátiles para dispositivos pequeños, una radio manual para informarse y un plan para métodos de cocina alternativos son esenciales.

Es importante asegurarse de que las redes informáticas y los dispositivos de su hogar cuenten con las últimas actualizaciones de seguridad, ya que la higiene digital básica es la primera línea de defensa.

El creciente campo de batalla del siglo XXI ahora incluye la infraestructura que impulsa su vida diaria. Los gobiernos y las empresas de servicios públicos trabajan para fortalecer la red eléctrica, pero la preparación individual constituye la última línea de defensa.

En un mundo donde los conflictos se libran con líneas de código, lo más sensato es asumir que los sistemas de los que dependemos podrían fallar y tener un plan que funcione independientemente de ellos. El objetivo no es vivir con miedo, sino crear una barrera contra el caos, porque en la próxima crisis, el detonante puede ser silencioso, pero la oscuridad será muy real.

FUENTEMaEl: 14Marzo-2025 NaturalNews